Atualizado: 24 de set. de 2018

Oí que al nascer

todos los girasoles del mundo

dieron la espalda al sol y se voltearon

a tu dirección:


te siguen todavía.


Oí que tu olor puede calmar

las bestias más incontrolables,

que tus piernas,

aunque pequeñas,


pueden cruzar ciudades

más rápidamente que otras cualesquiera.


Oí también que una madre

volvió a tener el trabajo de madre

desde que partiste de allá,

pues su hijo volvió


a ser un niño.


Oí que enfrentas

chicos mal intencionados

en todos los sítios, todos los días,

pero, aun así,


sigues con tu nariz apuntando hasta el cielo

y cada día más bella


Escuché que ha sido tú la que

enseñaste las libélulas

a hacer amor

en plena atmosfera

y que


tu libertad ha encantado todo el universo.